
LUCIANO PAVAROTTI
HISTORIA
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Luciano Pavarotti | El mejor tenor de la historia
El tenor más exitoso de todos los tiempos convertía Arias de ópera en números 1 en las listas de ventas y llenaba estadios como una estrella del rock. Pero la persona iba más allá, su bondad, optimismo y enorme sonrisa llenaban todo el espacio, quizá por eso tuvo tantas relaciones extramatrimoniales, se refugiaba en la comida, era supersticioso e incluso estuvo a punto de morir a los 12 años. ¡Una historia para no perdérsela!
Tiempo de Lectura | 10 min
Tiempo de Escucha | 1 h
CONTENIDO DEL ARTÍCULO
Ficha Trembol Luciano Pavarotti
- 🗿 Nombre: Luciano Pavarotti
- 🎂 Año: Nació el 12 de octubre de 1935 en las afueras de Módena, Italia.
- 👫 Géneros: Ópera.
- ✍️ Autógrafo:
- 🎺 Instrumentos: Voz. Pavarotti es tenor lírico ligero
- 💿 Discografía: La discografía de Pavarotti es extensísima, entre óperas, discos de estudio y recopilatorios son más de 100 los álbumes publicado durante los 50 años de carrera del tenor.
- 🌐 Página Web Oficial de Luciano Pavarotti: pavarottiofficial.com
- 🗣 Redes Sociales de Luciano Pavarotti: Facebook, X, YouTube e Instagram.
Amo la música y no puedo vivir sin ella, sin la acción que la rodea. Amo a la gente, amo comunicar y amo los aplausos. Es lo mejor para un hombre
Luciano Pavarotti
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Luciano Pavarotti | Biografía y Música
Capítulo 1 | Una infancia marcada por la guerra y un clavo
Luciano Pavarotti nació el 12 de octubre de 1935 en las afueras de Módena, Italia. Su padre, Fernando Pavarotti, era panadero y tenor aficionado, mientras que su madre, Adele Venturi, trabajaba en una fábrica de cigarros. La familia se completó con el nacimiento de su hermana pequeña, Gabriella.
Aunque no tenían mucho dinero y vivían en un piso pequeño de dos habitaciones, su infancia fue muy alegre. Al ser casi el único niño en el vecindario, siempre estaba rodeado de mujeres.
Cantó por primera vez a los 4 años, interpretando ‘La donna è mobile’. A los 8 años, en 1943, la Segunda Guerra Mundial llegó a Módena, lo que obligó a su familia a huir y refugiarse en una granja cercana. Allí vivieron hacinados en una única habitación hasta que, en 1945, los estadounidenses liberaron la región.
Pavarotti disfrutaba mucho del campo y desarrolló una gran pasión por la agricultura, algo que, según muchos, contribuía a su carácter campechano.
Otra de las grandes pasiones de Luciano Pavarotti, como la de muchos niños italianos, era el fútbol. Jugó como portero y delantero, aunque pronto dejó atrás la idea de ser profesional al darse cuenta de que no era lo suficientemente bueno.
Su padre, Fernando, había estudiado para ser tenor, pero nunca persiguió esa carrera seriamente debido a los nervios que le provocaba el escenario. Luciano siempre consideró una gran lástima que su padre no lo intentara, pues creía que tenía una voz incluso mejor que la suya propia. Fue él quien le transmitió el amor por el canto lírico y lo animó a estudiar música desde niño, algo que hizo durante siete años.
Su mayor ídolo de la infancia era el tenor Giuseppe Di Stefano, a quien admiraba profundamente. Además, le encantaba Mario Lanza, a quien imitaba constantemente frente al espejo.
A los 9 años, Luciano se unió a su padre en el coro de una pequeña iglesia local. A los 12 años, vivió una experiencia cercana a la muerte. Mientras jugaba al fútbol descalzo, se pinchó con un clavo oxidado y contrajo tétanos, quedando en coma durante dos semanas. Su familia temió lo peor e incluso llamaron a un sacerdote para darle la extremaunción. Milagrosamente, se recuperó, y desde entonces sintió la vida como un regalo. Esa experiencia forjaría la actitud humilde, optimista y llena de ganas de disfrutar que siempre lo caracterizó.
Para celebrar su recuperación, su padre lo llevó por primera vez a la ópera de Módena a ver al gran tenor Beniamino Gigli. Luciano quedó totalmente fascinado y salió del teatro con una idea clara en su mente: él también sería un gran tenor.
Capítulo 2 | Los inicios de Pavarotti en la ópera
Luciano Pavarotti se graduó en la Scuola Magistrale sin tener claro qué haría después. Su padre lo convenció para que estudiara docencia, y así lo hizo. Enseñó en una escuela primaria durante dos años. Siempre disfrutó del espíritu curioso e inocente de los niños, pero tenía claro que su verdadera pasión era la música.
Su madre fue un gran apoyo y lo animaba constantemente a seguir cantando, asegurándole: «Tienes un don». Finalmente, entre ambos convencieron a su padre para que le permitiera intentarlo. Así, en 1954, a los 19 años, comenzó a estudiar música con Arrigo Pola, un respetado maestro y tenor que, siendo amigo de su padre —pues habían estudiado canto juntos—, se ofreció a enseñarle sin cobrarle.
Un poco antes de eso, en 1952, con solo 17 años, Luciano conoció al amor de su vida, Adua Veroni. Ella tenía 16 años, un año menos que él. Se conocieron en una fiesta y, según él, fue amor a primera vista, aunque por parte de Adua no fue tan inmediato. Pavarotti incluso le cantó «La rondine al nido» para impresionarla, pero ella apenas le prestó atención.
Sin rendirse, ideó la manera de acercarse a ella: como Adua era una estudiante mucho más aplicada que él, consiguió que se convirtiera en su tutora. Poco a poco, logró conquistarla. Se comprometieron en 1955, aunque no se casarían hasta 1961, tras vivir unos meses en una casa compartida debido a la falta de dinero. En esos años, ambos trabajaban como profesores, y sus salarios apenas alcanzaban para cubrir los gastos.
Luciano Pavarotti y su padre, Fernando, formaban parte de la Corale Rossini, un coro de voces masculinas de Módena. En 1955 viajaron a Gales para participar en una competición de coros, donde ganaron el primer premio. Ese triunfo lo llenó de felicidad y consolidó su firme intención de convertirse en cantante profesional.
Continuó sus estudios de canto con el tenor Arrigo Pola, hasta que en 1957 su maestro se mudó a Japón. Decidido a seguir formándose, comenzó a estudiar junto a su gran amiga de la infancia, la también futura soprano Mirella Freni, bajo la tutela del maestro Ettore Campogalliani. Luciano y Mirella compartieron prácticamente toda la vida: sus madres trabajaban juntas, asistieron a la misma guardería, estudiaron juntos y sus carreras operísticas se desarrollaron en paralelo. Además, el esposo de Mirella, Leone Magiera, pianista y director, lo ayudó a lo largo de toda su carrera a preparar sus papeles de ópera.
Para mantenerse mientras estudiaba, además de trabajar como maestro, también vendía seguros. La gente se sorprendía al ver a un hombre tan grande, con una enorme sonrisa, llegar a sus casas para ofrecerles pólizas. Al mismo tiempo, seguía dando pequeños recitales en distintas ciudades, aunque sin cobrar.
En 1960 se presentó a un concurso de canto cuyo premio era un puesto en una nueva producción de ópera. Confiaba en que ganaría, pero un nódulo en las cuerdas vocales le impidió brillar en la actuación, y perdió. La frustración fue tan grande que decidió dejar de cantar. Sin embargo, ese descanso le vino bien tanto física como mentalmente. El nódulo se curó y sintió una liberación que permitió que su verdadera voz emergiera.
Al año siguiente, en 1961, volvió a presentarse al mismo concurso y esta vez ganó, obteniendo el papel de Rodolfo en La bohème de Puccini. Así, en 1961 debutó en el teatro municipal Romolo Valli de Reggio Emilia. Poco después repitió la actuación en Módena. La alegría fue aún mayor porque Mirella también participaba en la ópera y su esposo Leone dirigía la producción. Aunque las representaciones no tuvieron gran repercusión, su madre estaba entusiasmada y orgullosa.
Con el poco dinero que ganó —equivalente a unos 90 euros o dólares actuales— y el sueldo que Adua, su prometida, seguía ganando como maestra, pudieron costearse la boda. Se casaron en 1961 y vivieron cerca de sus familias. Así, cuando Luciano tenía que viajar para actuar, Adua no se quedaba sola.
En 1962, durante el complicado nacimiento de su primera hija, Lorenza, Luciano estaba de viaje. Adua enfermó gravemente y estuvo a punto de morir, pero finalmente se recuperó y la bebé nació sana. En los siguientes nacimientos, Cristina en 1964 y Giuliana en 1967, tampoco estuvo presente. Esta vez fue por superstición: como todo salió bien la primera vez sin él, no quiso tentar la suerte.
La pareja tuvo a sus tres hijas en un período corto de cinco años. Cuando eran pequeñas, decidieron viajar juntos a sus actuaciones. Las niñas, al principio, gritaban de miedo cuando veían a su padre «morir» en escena, pero con el tiempo se acostumbraron.
Cuando llegó el momento de que las niñas empezaran la escuela, Adua dejó de viajar con ellas. Fue una etapa difícil para todos. Luciano, conocido por su carisma y su fuerte presencia, dejó un gran vacío en casa cada vez que partía, algo que sus hijas sintieron profundamente.
La primera aparición internacional de Luciano Pavarotti fue en Belgrado con La traviata, obra que repetiría en 1963 en la Ópera Estatal de Viena. Ese mismo año también interpretó La bohème y Rigoletto en la misma ciudad.
A los 28 años, ofreció sus primeros conciertos en el Reino Unido, comenzando en Irlanda y luego debutando inesperadamente en Covent Garden, Londres, junto a la soprano Joan Sutherland en La bohème. Esto ocurrió porque el tenor principal enfermó y Luciano fue llamado para sustituirlo.
Aquella actuación recibió buenas críticas, y pronto se empezó a hablar de él como un joven y talentoso tenor que irrumpía en la escena operística.
Joan Sutherland jugó un papel crucial en el despegue de su carrera. En 1964, ella buscaba un tenor joven y alto para una gira por Australia. Luciano, que ya era bastante corpulento, resultaba perfecto para el papel. Juntos emprendieron una gira de dos meses por Australia, realizando 40 funciones. Esta experiencia no solo consolidó su técnica, sino que también lo catapultó hacia el reconocimiento internacional.
Durante aquella gira, Luciano Pavarotti ganó su primer millón de liras italianas, el equivalente a unos 30.000 euros o dólares actuales. Al regresar a casa, entró con su esposa en su habitación y juntos lanzaron los billetes al aire, emocionados. Nunca habían visto tanto dinero junto.
La colaboración con Joan Sutherland fue clave en su crecimiento como cantante. Gracias a ella, mejoró significativamente su técnica de respiración, aprendiendo a controlar el diafragma antes de enfrentar notas difíciles.
Pavarotti sentía que cada vez que cantaba, cautivaba al público con su voz de tenor lírico, caracterizada por un sonido puro, nítido y lleno de sentimiento. Su marca distintiva era su impresionante «Do de pecho», técnicamente conocido como «Do sobreagudo» (Do5), una nota extremadamente alta dentro de la tesitura de tenor, emitida con voz plena y sin falsete.
En 1964, realizó su primera grabación con la discográfica Decca, donde permanecería durante toda su carrera. El disco incluía, entre otras piezas, «E lucevan le stelle» («Y las estrellas brillaban») de la ópera Tosca. A lo largo de los años 60 y principios de los 70, grabó 11 óperas y el Réquiem de Verdi, muchas de ellas junto a Joan Sutherland, consolidando una colaboración artística inolvidable.
Su debut en Estados Unidos tuvo lugar en 1965, en la Gran Ópera de Florida, interpretando Lucia di Lammermoor de Donizetti, nuevamente junto a Sutherland.
Poco después, debutó en La Scala de Milán con La bohème, acompañado de su amiga de la infancia, Mirella Freni, bajo la dirección del legendario Herbert von Karajan. Con Karajan forjó una sólida y fructífera amistad. Su interpretación de «Che gelida manina» («Qué manita tan fría») se convirtió en una de las más icónicas de la historia.
Tras otra extensa gira por Australia en 1966, regresó a La Scala para interpretar a Tebaldo en I Capuleti e i Montecchi (Los Capuleto y los Montescos).
Su interpretación más destacada de esa época llegó en 1969, con I Lombardi (Los lombardos) en Roma. La actuación fue grabada y ampliamente distribuida, al igual que otras grabaciones de Los Capuleto y los Montescos, Donizetti, y arias de su compositor favorito, Giuseppe Verdi. Entre ellas, sobresalió El elixir del amor, nuevamente con Joan Sutherland. Todas estas grabaciones fueron bien recibidas, consolidando su reputación internacional.
Pavarotti O’ Sole Mio
En 1972, a los 37 años, Luciano Pavarotti alcanzó el gran éxito internacional gracias a La fille du régiment (La hija del regimiento). La interpretó primero en la Royal Opera House de Londres, luego en La Scala de Milán, y finalmente en la Ópera Metropolitana de Nueva York.
El público quedó asombrado por la facilidad con la que alcanzaba el famoso «Do agudo» en el aria «Ah! mes amis» («¡Ah! mis amigos»). Su actuación en el MET fue tan impresionante que logró el récord de diecisiete subidas de telón, un reconocimiento pocas veces visto.
Desde los tiempos de Enrico Caruso —uno de sus mayores ídolos—, ningún tenor había capturado la atención del público de esa manera. La fama trajo consigo una avalancha de cartas de admiradores de todo el mundo. Su esposa, Adua, se encargaba de responderlas todas. Además, gestionaba sus relaciones con los teatros italianos y coordinaba con su nuevo representante en Estados Unidos, Herbert Breslin, quien desempeñaría un papel clave en la expansión de su carrera internacional.
Herbert Breslin fue quien tuvo la idea de que Luciano Pavarotti comenzara a dar recitales. El primero de ellos tuvo lugar en 1973 en Misuri. Pavarotti se encontró solo en el escenario, acompañado únicamente por un piano, sin maquillaje, sin vestuario de ópera y sin el apoyo de otros cantantes. Estaba extremadamente nervioso y no sabía qué hacer con las manos. En ese momento, su representante tomó el pañuelo blanco que llevaba en el bolsillo y le sugirió que lo apretara durante toda la actuación. Así lo hizo, y desde entonces aquel pañuelo blanco se convirtió en su amuleto de la suerte y en un símbolo inconfundible de sus conciertos. Lo sujetaba con fuerza al cantar y, de paso, lo usaba para secarse el sudor.
Pavarotti confesaba ser muy supersticioso desde que comenzó su carrera. A su pañuelo blanco le sumaba una serie de rituales: evitaba pasar por debajo de las escaleras, no soportaba ver sal derramada en la mesa, prohibía el color púrpura durante las actuaciones y siempre buscaba un clavo doblado en el teatro antes de cada representación. Lo guardaba consigo durante la función, creyendo que le traería suerte. Esta superstición provenía de la expresión italiana «toccare ferro» (tocar hierro), equivalente a «tocar madera». Además, conectaba esta creencia con el clavo oxidado que, en su infancia, casi le costó la vida pero del cual logró recuperarse milagrosamente.
Entre sus actuaciones más destacadas de principios de los años 70 se encontraban La favorita, junto a Fiorenza Cossotto, e I puritani (Los puritanos), con Joan Sutherland. A mediados de la década, asumió roles aún más exigentes, como Manrico en Il trovatore (El trovador) y Radamès en Aida, mostrando una mayor profundidad y madurez en su voz.
Para entonces, ya había ganado una fortuna. Compró una gran villa en Módena para su familia y la de su esposa, y también cumplió uno de sus sueños: tener una casa con vistas a la playa en Villa Giulia. A pesar de estos logros, pasaba muy poco tiempo en casa, salvo durante el verano.
Varias de sus actuaciones comenzaron a ser retransmitidas por televisión. La primera fue La bohème en 1977, desde el Met de Nueva York. Antes de salir a escena, solía pasear nerviosamente tras el telón repitiendo: «Vamos a morir, voy a morir». Los nervios, aunque incómodos, eran para él una señal de que lo que hacía realmente le importaba. Su estrategia para superarlos era mantener una actitud optimista. Aquella retransmisión televisiva alcanzó una de las mayores audiencias para una ópera en la época.
En esos años, comenzó a recibir varios premios Grammy, así como discos de oro y platino por sus grabaciones.
Su debut en el prestigioso Festival de Salzburgo llegó en 1976. Regresó al festival en 1978 y más tarde en 1983 con Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa), además de ofrecer recitales en 1985 y 1988.
La consagración definitiva de Pavarotti llegó en 1979 con su interpretación de Tonio en la ópera La fille du régiment (La hija del regimiento), de Gaetano Donizetti. Logró ejecutar nueve notas de Do de pecho consecutivas, lo que le llevó a ser portada de The New York Times, donde fue proclamado como «El Rey del Do de pecho».
Sin embargo, la fama y los constantes viajes le hacían sentir a menudo una profunda soledad. Para combatirla, solía invitar a todos a cenar tras las funciones. Además, llevaba consigo una maleta cargada de comida italiana —pasta, mozzarella, prosciutto…— y buscaba hoteles que tuvieran una pequeña cocina en la habitación para poder cocinar él mismo. La comida era una de sus grandes pasiones. Incluso cuando su médico le prohibió tomar más de un merengue al día —uno de sus dulces favoritos—, Pavarotti pidió a un pastelero que le preparara un merengue gigante de medio kilo, así podía cumplir la recomendación médica comiendo «solo uno».
En 1979, mientras impartía una masterclass en la Juilliard School de Nueva York, conoció a la joven soprano Madelyn Renée, a quien tomó bajo su tutela como alumna. Además de su aprendizaje, ella actuaba como su secretaria y le acompañaba en sus viajes. Lo que comenzó como una relación profesional acabó transformándose en una historia de amor, a pesar de que él seguía casado. Su relación duró casi 7 años. Madelyn describía a Luciano como un hombre atento y alegre, aunque también muy serio y disciplinado con su trabajo, su agenda y, sobre todo, sus inseparables pañuelos, hasta el punto de enfadarse si algo no estaba en su sitio.
Ese mismo año, tras 14 años de ausencia, regresó bajo la dirección de Herbert von Karajan a la Ópera Estatal de Viena con Il Trovatore.
Pavarotti colaboró con grandes figuras como Joan Sutherland y la mezzosoprano Marilyn Horne, con quienes logró algunas de sus mejores grabaciones en el apogeo de su voz. Entre ellas destacan: Lucia di Lammermoor, La fille du régiment, La Traviata, Il Trovatore, Rigoletto, L’elisir d’amore, I Puritani, La sonnambula, Maria Stuarda, Beatrice di Tenda y Turandot (dirigida por Zubin Mehta), donde cantó por primera vez el icónico aria Nessun dorma, que más tarde se convertiría en la pieza más popular de su carrera.
Luciano había firmado años atrás un contrato exclusivo con la discográfica Decca, aunque también publicaba grabaciones a través de un sello creado por su esposa. Para evitar problemas legales, solicitó a Decca que comprara el sello de su mujer, asegurándose así de que todos quedaran satisfechos.
Entre todas sus interpretaciones, Pavarotti siempre confesó que la ópera que más disfrutaba representando era L’elisir d’amore. La razón principal era que su personaje no moría —algo poco común para los papeles de tenor— y porque se sentía profundamente identificado con el rol de un campesino humilde, una figura cercana a sus raíces.
En 1982, Pavarotti incursionó en la gran pantalla con la película «Sí, Giorgio», donde interpretó a Giorgio Fini, un famoso cantante de ópera que pierde la voz durante una gira por América y se enamora de una especialista de garganta que le ayuda a recuperarse.
Ese mismo año, decidió crear el «Concurso Internacional de Voz Pavarotti para jóvenes cantantes», cuyo premio era actuar a su lado. La segunda edición del concurso tuvo lugar en 1986, coincidiendo con la celebración de sus 25 años de carrera. Junto a los ganadores, viajó a China para representar La bohème y allí ofreció el concierto inaugural en el Gran Salón del Pueblo ante 10,000 personas, impresionando a la audiencia al cantar 9 Do agudos sin aparente esfuerzo.
Durante esa época, enfrentó momentos difíciles a nivel personal. A su hija Giuliana, al cumplir 15 años, le diagnosticaron una enfermedad que provocaba parálisis progresiva, poniendo en peligro su vida. Luciano canceló toda su agenda para estar a su lado. Afortunadamente, tras una operación, Giuliana logró recuperarse.
A mediados de los años 80, Pavarotti regresó a dos escenarios clave en su carrera: la Ópera Estatal de Viena y La Scala de Milán. Allí interpretó La bohème, L’elisir d’amore, Luisa Miller, Un ballo in maschera (Baile de máscaras) y Aida, esta última grabada en vídeo, donde recibió 2 minutos de ovación la noche del estreno.
Luciano nunca mostró interés en aprender nuevos papeles del repertorio francés o alemán, con la excepción de 1982, cuando triunfó en el Metropolitan Opera de Nueva York con Idomeneo, de Mozart. Curiosamente, fue un papel que había interpretado en sus inicios. A lo largo de su trayectoria, Pavarotti se mantuvo fiel a su esencia como tenor lírico y solo asumió papeles dramáticos en contadas ocasiones, siempre buscando preservar la flexibilidad y frescura de su voz, conocida por su facilidad natural para los agudos.
En 1988, fue nombrado Caballero de la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana, un reconocimiento que resaltaba su impacto no solo en la música, sino en la cultura italiana.
La popularidad de Luciano Pavarotti no hizo más que crecer con los años, sobre todo gracias a su interpretación del aria «Nessun dorma» de Turandot, de Giacomo Puccini, la cual fue utilizada como tema principal de la cobertura de la Copa Mundial de Fútbol de 1990 por la BBC.
«Nessun dorma» se convirtió en un éxito mundial, aún más tras el primer concierto de Los Tres Tenores, junto a Plácido Domingo y José Carreras, dirigidos por Zubin Mehta. El concierto tuvo lugar la víspera de la final de la Copa Mundial en las antiguas Termas de Caracalla en Roma. Curiosamente, los tres vivían en el mismo edificio de Nueva York. José Carreras acababa de superar una leucemia y quería regresar a los escenarios con una gran celebración. Se les propuso cantar juntos para celebrar el mundial y, por supuesto, aceptaron.
La actuación cautivó a una audiencia global y se convirtió en el disco clásico más vendido de todos los tiempos. Uno de los momentos más icónicos del concierto fue la interpretación de «‘O Sole Mio», donde Pavarotti hizo un trémolo característico. Sus compañeros, Domingo y Carreras, lo imitaron, y el público explotó en una ovación, marcando uno de los instantes más memorables de la historia operística contemporánea.
Ese concierto transformó a Los Tres Tenores en la banda vocal más importante del mundo, embarcándose en una gira multimillonaria que consolidó a Pavarotti como la mayor estrella musical global, superando incluso a los artistas más reconocidos de pop y rock.
El éxito fue tal que el trío repitió el concierto en las siguientes tres finales de la Copa del Mundo: 1994 en Los Ángeles, 1998 en París y 2002 en Yokohama.
A lo largo de la década de 1990, Luciano Pavarotti protagonizó numerosos conciertos multitudinarios al aire libre, incluido uno televisado en el Hyde Park de Londres, con una asistencia récord de 150,000 personas, entre las que se encontraba la familia real. Aquel día llovía a mares en Londres, pero nadie se movió, ni siquiera Lady Di, quien más tarde se convertiría en una gran amiga. Juntos organizarían un concierto benéfico para la Cruz Roja.
Desde ese momento, Pavarotti comenzó a sentirse cada vez más comprometido con ayudar a los demás. Entre 1992 y 2003, organizó anualmente en su ciudad natal, Módena, el famoso evento «Luciano Pavarotti & Friends». Por esos escenarios pasaron estrellas de la música pop y rock de talla mundial, como Bryan Adams, Bon Jovi, Queen, U2, Dolores O’Riordan, Deep Purple, Laura Pausini, Stevie Wonder, Eros Ramazzotti, Spice Girls, Zucchero, Andrea Bocelli, Céline Dion o Tracy Chapman, entre muchos otros. Los conciertos alcanzaron una enorme popularidad, fusionando la ópera con la música contemporánea.
En 1991, Pavarotti se alejó temporalmente de sus clásicos papeles líricos para interpretar Otello en cuatro funciones en Estados Unidos. Este es considerado uno de los papeles de tenor más desafiantes de todo el repertorio operístico, convirtiéndose en uno de sus proyectos más comentados y debatidos.
Ese mismo año, llevó su pasión por los caballos al escenario organizando el «Pavarotti Horse Show», su primer espectáculo ecuestre. Pavarotti amaba profundamente a los caballos; tenía una cuadra en su casa y pasaba todo el tiempo posible con ellos. Su cariño era tal que, si alguno enfermaba, pasaba la noche entera a su lado en la cuadra.
Los últimos quince años de la carrera de Luciano Pavarotti estuvieron marcados por problemas de salud, especialmente en las piernas. A pesar de esto, aunque actuaba con menos frecuencia, nunca abandonó los grandes escenarios donde siempre fue aclamado.
En 1992, mientras cantaba en el MET de Nueva York, su voz se rompió inesperadamente. La misma situación se repitió en 1993 durante una interpretación de Don Carlo en Milán, lo que le valió fuertes críticas e incluso abucheos por parte de la audiencia. Muchos opinaban que su incursión en la música pop y rock había afectado negativamente su voz. Pavarotti, sin embargo, no dejó que las críticas le detuvieran y continuó colaborando con numerosos artistas de diversos géneros. Entre ellos destacan Eros Ramazzotti, Sting, Andrea Bocelli, Céline Dion, Liza Minnelli, Elton John, Tracy Chapman, Michael Jackson, Barry White, Caetano Veloso, Mercedes Sosa, U2 e incluso Frank Sinatra.
Uno de sus conciertos más emblemáticos fue el Pavarotti and Friends de 1994, donde logró convencer a U2 de componer una canción especial, «Miss Sarajevo», y actuar junto a él. El evento fue organizado en favor de los niños afectados por la guerra de Bosnia. Pavarotti, que había vivido la guerra en su infancia y presenciado horrores como personas ahorcadas en las calles, sintió una profunda conexión con los niños bosnios. No solo les visitó para ofrecerles apoyo y esperanza, sino que también contribuyó a abrir un conservatorio de música para ayudarles a encontrar una vía de escape a través del arte.
Luciano Pavarotti Caruso
En 1993, más de 500,000 personas se reunieron para asistir a la actuación gratuita de Luciano Pavarotti en el Central Park de Nueva York, convirtiéndose en el concierto más multitudinario de la historia del parque. A esto se sumaron los millones de espectadores que siguieron la retransmisión televisiva en todo el mundo. Un mes después, repitió la hazaña cantando frente a 300,000 personas al pie de la Torre Eiffel en París.
Por aquel entonces, Pavarotti rompió el récord de caché para un músico, cobrando 1 millón de dólares por actuación, además de obtener casi otro millón extra gracias al merchandising. Sin embargo, a pesar de la fama y el dinero, confesaba sentirse solo en su apartamento de Central Park. Siempre que podía, invitaba a amigos a cenar y cantar. Entre ellos se encontraba «el Equipo Briscola», un grupo de amigos de toda la vida, que a menudo le acompañaban en sus giras. La música, la comida y los amigos fueron siempre lo que más felicidad le aportó. En los momentos de soledad, solía pintar imágenes coloridas de su querida Italia.
En 1995, cuando Pavarotti cumplió 60 años, conoció a Nicoletta Mantovani, una joven de 23 años que estudiaba Ciencias Naturales y trabajaba en espectáculos ecuestres para costear sus estudios universitarios. Se conocieron durante una exhibición de caballos que él estaba viendo, y conectaron inmediatamente, a pesar de los 34 años que les separaban. Pavarotti fue sincero con ella desde el principio, explicándole que su matrimonio estaba roto, y comenzaron una relación amorosa. A ojos del público, presentaron a Nicoletta como su secretaria. Poco después de comenzar la relación, a Nicoletta le diagnosticaron esclerosis múltiple, y Pavarotti se volcó completamente en cuidarla hasta que logró recuperarse.
Ese mismo año, 1995, interpretó el ‘Ave Maria’ junto a Dolores O’Riordan. La princesa Diana de Gales, quien asistió a la presentación, comentó a O’Riordan que la pieza le hizo llorar. También en 1995, se emitió un documental televisivo titulado ‘Lo mejor está por venir’, donde Pavarotti repasaba con gran franqueza su vida y carrera. Muchos años después, en 2019, el cineasta estadounidense Ron Howard dirigió un largometraje documental que contaba toda la vida del tenor.
En 1996, Luciano Pavarotti y su esposa Adua se separaron tras 34 años de matrimonio. Su doble vida junto a Nicoletta Mantovani salió a la luz, ocupando portadas de televisión y periódicos. Adua, quien nunca había querido creer los rumores sobre sus romances —y que él mismo siempre negó—, esta vez no pudo ignorar las fotos que lo confirmaban todo. Pavarotti no quería divorciarse de Adua, pues le dolía desprenderse de esa parte tan importante de su vida, pero finalmente así sucedió. Se trasladó a vivir a la casa del jardinero, una pequeña estancia de dos habitaciones. Lamentablemente, ese suceso también le distanció de sus hijas.
En Italia, la imagen de hombre familiar que siempre había proyectado se desmoronó, dividiendo a la sociedad entre quienes apoyaban y quienes criticaban a Nicoletta. Él mismo reconoció: «Soy simplemente humano y me había enamorado de Nicoletta.»
En 2002, sus padres fallecieron, ambos a causa de un cáncer de páncreas, la misma enfermedad que más tarde afectaría también a Pavarotti.
Nicoletta y Luciano contrajeron matrimonio en 2003, permaneciendo juntos hasta su fallecimiento en 2007.
Entre los innumerables premios y distinciones que recibió a lo largo de su carrera, dos destacan especialmente por haberle otorgado récords Guinness mundiales:
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El primero, logrado en 1988 en el Palacio de la Ópera de Berlín, fue el récord de mayor número de «curtain calls» (salidas a saludar tras el telón). Interpretando «El elixir de amor» de Donizetti, Pavarotti recibió una ovación de 67 minutos, saliendo a escena 165 veces. Años después, en 1991, Plácido Domingo superaría ese récord con 80 minutos de aplausos.
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El segundo Guinness le fue otorgado por ser parte del álbum clásico más vendido de la historia, gracias a «Carreras Domingo Pavarotti en Concierto», la icónica grabación de Los Tres Tenores.
En 2001 se editó una compilación con todos sus grandes éxitos románticos titulada «Amore: The Essential Romantic Collection».
En 2003, sorprendentemente, su esposa Nicoletta quedó embarazada de gemelos. Durante el embarazo, le detectaron un tumor y los médicos le aconsejaron abortar. Ella decidió seguir adelante y tuvo a los gemelos, Alice y Ricardo, aunque este último, el único hijo varón de Pavarotti, falleció poco después de nacer. Esta vez estuvo presente en el parto, a pesar de que su superstición le hacía creer que traería mala suerte, algo que, tristemente, se confirmó.
Pocos meses antes, también se había convertido en abuelo, lo que ayudó a reconciliarse con sus hijas y su exesposa. Sabía que había cometido errores graves, pero, como decía Adua, su primera esposa, en el fondo era una persona excelente. El tiempo curó su relación familiar.
A finales de 2003 publicó su compilación final y su primer y único álbum crossover, «Ti Adoro». El álbum fue un regalo de bodas para Nicoletta. Ese mismo año fue nombrado Comandante de la Orden del Mérito Cultural de Mónaco.
Después de más de cuatro décadas en el escenario, inició su gira final de despedida en 2004, a los 69 años, con más de 40 fechas. En su última actuación en la Ópera Metropolitana de Nueva York, recibió una gran ovación al interpretar Tosca. A lo largo de su carrera, alcanzó la asombrosa cifra de 378 representaciones en dicho teatro.
En 2004, su exmánager estadounidense, Herbert Breslin, publicó un libro llamado «The King & I (El rey y yo)», donde lo acusaba de no saber leer música correctamente. La acusación era falsa, aunque él mismo reconocía que no era capaz de leer partituras orquestales.
En marzo de 2005, se sometió a una cirugía de cuello para reparar dos vértebras y, a principios de 2006, volvió al quirófano por un problema de espalda.
Su última actuación a gran escala fue en diciembre de 2005, en Taiwán, como parte de su gira de despedida por Asia.
El 10 de febrero de 2006, cantó «Nessun Dorma» por última vez en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín, Italia. Recibió una ovación clamorosa, aunque la actuación había sido grabada semanas antes. Debido a su delicada salud, no habría podido cantar en directo en un espacio abierto y con temperaturas tan bajas.
Más tarde, en 2006, mientras se preparaba en su casa de Nueva York para reanudar la gira mundial de despedida, le descubrieron un tumor maligno en el páncreas. Se cancelaron todos los conciertos. Fue operado, pero sufrió una neumonía en el postoperatorio. Aunque se recuperó parcialmente, en agosto de 2007 fue hospitalizado nuevamente por fiebre alta y complicaciones respiratorias. Salió de la clínica a los pocos días, pero el 6 de septiembre de 2007, falleció en su casa a causa del cáncer de páncreas. No pudo cumplir algunos de sus últimos deseos, como retirarse para enseñar a jóvenes intérpretes o ver crecer a su hija Alice. Aun así, hasta el final hizo todo lo posible por su familia, dejando su herencia dividida: la mitad para su viuda Nicoletta y la otra mitad a repartir entre sus cuatro hijas.
A la ceremonia fúnebre en su ciudad natal asistieron grandes personalidades de la política y la música, entre ellos Andrea Bocelli, quien interpretó el Ave verum corpus, de Mozart.
Luciano Pavarotti siempre creyó en la gente. Por eso, tenía una sonrisa en la cara y el público se lo devolvía con amor. Su mayor deseo era transmitir la ópera a todo el mundo, y sin duda lo consiguió a través de sus cientos de representaciones y sus 100 millones de discos vendidos, siendo uno de los cantantes más exitosos de cualquier género musical y uno de los italianos más importantes de la historia.
Gracias a su Fundación benéfica y a su voz, Luciano Pavarotti permanecerá eternamente en el corazón de las personas.







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